No hace mucho tiempo, pensábamos que algún día alcanzaríamos la igualdad real porque ya se nos había reconocido, al menos formalmente, a través de diferentes leyes y políticas específicas.
La línea entre la igualdad real y formal se empezaba a estrechar. Sin embargo, a lo largo de últimos años hemos comprobado cómo se vuelve a distanciar, que los avances fueron un espejismo y que aún disponiendo de abundante legislación y organismos dedicados a promover las políticas de igualdad, no se ha llegado a alcanzar el objetivo fundamental: "Que los hombres y las mujeres tengan las mismas oportunidades".