Como el más aplicado de los alumnos de matemáticas, cada padre, cada madre, sabe muy bien, sin desviarse una décima arriba o abajo, lo que marca la calculadora de la mente, la frialdad de las cuentas que arrojan los bolsillos: “Ésta sí que es una cuesta empinada y no la de enero o las cuestas de Ceuta”, bromea Fátima, y lo hace, adrede, para soliviantar las penurias que se producen cada vez que los niños regresan al cole.
El de Fátima, alumno del colegio público Andrés Manjón, sito en calle Linares, que comienza primero de Educación Primaria, ha costado “unos setecientos euros, porque entre los libros de texto, los materiales escolares y la ropita que siempre se estrena al comenzar cada curso se va un buen dinero, casi el del mes”.